LA PROCESIÓN DE MEDIANOCHE

Cuentan que hace mucho tiempo al pueblo de Chicama llegó una costurera que se hizo conocida por sus buenos trabajos, pero más por su mala costumbre de querer estar enterada de todo lo que hacían sus vecinos.

Tanta era su curiosidad que, en vez de trabajar durante el día, empezó a hacerlo por la noche para poder asomarse a la ventana y ver quiénes entraban o salían a esa hora de sus casas.

Así llegó hasta el mes de noviembre, que los vecinos, sabiendo de su mala costumbre, le advirtieron que por esos días trabaje durante el día si es que no quería ser llevada por la procesión de muertos en la noche. Pero eso en vez de asustarla incrementó su curiosidad.

Cada día esperaba la medianoche deseando ver la procesión, hasta que una noche escuchó un sonido parecido al crujir de cadenas. Ella presurosa sacó la cabeza por la ventana y a lo lejos vio acercarse una muchedumbre con vestimenta oscura.

Impaciente, esperó a que se acercaran para saber de qué se trataba. Cuando pasaron frente a ella unos de los caminantes la invitaron a unirse a la marcha y le entregó una vela. Ella, con la intención de saber más les siguió el paso.

Al día siguiente, nadie volvió a saber de la costurera. Todos supusieron que fue llevada por la procesión de muertos.