EL CURA SIN CABEZA ⛪

Cuenta la historia que a nuestro Antiguo Convento e Iglesia de los Dominicos llegó un grupo de monjes y curas, entre ellos un joven que aspiraba convertirse en obispo. El muchacho tenía tanta vocación de servicio que siempre procuraba ayudar a quien lo necesitara.

EL ROMANCE 💖

Un día mientras regaba el huerto del monasterio tuvo problemas por la repentina escasez de agua en el canal de riego. Extrañado por el inconveniente decidió salir a ver qué ocasionaba el problema.

De pronto, en el camino, logró escuchar el canto alegre de una muchacha, que provenía de un huerto. Curioso se fue acercando para descubrir de quién se trataba. Gran sorpresa la que se llevó.

Era Marianita, una joven de hermoso parecer y figura tentadora. Hija de don Eliseo Benitez, un hombre que gozaba de buena posición en el pueblo y que todos sabían que la había prometido al hijo de don Braulio, otro hombre pudiente.

La joven se estaba bañando ajena a la presencia del religioso que asombrado por su belleza permaneció observándola por varios minutos y la deseó en su corazón. Desde ese día, el aspirante a obispo repitió el paseo con la esperanza de volver a verla.

AMOR PROHIBIDO 💔

No pasó mucho tiempo para que Marianita se diera cuenta de las intenciones del joven y también correspondiera a su amor, olvidando ambos que era un amor prohibido.

Los encuentros ya no eran casuales, sino que cada noche los enamorados se citaban bajo la luz de la luna. Un silbido parecido al canto de un chilalo, era la señal de que el joven había llegado.

Pronto, los rumores de que la doncella y el cura se encontraban en secreto empezaron a extenderse. Don Eliseo Benitez fue uno de los últimos en enterarse, pero no estaba dispuesto a permitir la deshonra.

LA TRAGEDIA

Marianita esperaba un hijo al que todos señalaban como el fruto del pecado. A don Eliseo, preocupado más por su honor, no le importó actuar contra su propia sangre. Contrató a una mujer, quien llegó de noche con una bebida preparada con hiervas extrañas, y con engaños se la dió a la joven gestante.

A los pocos minutos, el dolor insoportable en su vientre llevó a Marianita a darse cuenta del terrible engaño. La vida del pequeño había sido arrebatada sin imaginarse que con él se apagaría la vida de su madre.

Don Eliseo, aún sediento de venganza, llamó al joven religioso para que le de la santa unción. Sin embargo, en medio de sus delirios de agonía esta alcanzó a revelarle que su muerte había sido provocada por su propio padre que no aceptaba al niño que venía en camino.