LA CASA ENCANTADA DE SAUSAL

Cuentan que en Sausal, hace muchos años, había una casa que era habitada por un alma cuya vida había sido arrebatada en una situación violenta, y que sus restos habían sido sepultados en ese lugar. Hablamos de la una antigua vivienda que se ubicaba en la tercera cuadra de la Av. Libertad.

En esta casa vivía una solitaria anciana que en más de una ocasión les contó a sus vecinos que durante la madrugada escuchaba ruidos extraños, los cuales eran percibidos por sus cuyes. Decía que los animales se alborotaban en su corral con tanta desesperación que ella se veía obligada a ir a verlos.

LA APARICIÓN

Fue en unas de esas salidas de su habitación que escuchó el crujir de la puerta. Creyendo que se trataba de un ladrón, acudió sigilosamente, pero encontró que todo estaba bien asegurado.

Retornaba a su cuarto cuando se encontró con el espectro de un hombre. Este era alto y vestía pantalón negro con camisa crema.

La anciana, aunque temerosa, al saber que no era un ser viviente, lo miró fijamente y le preguntó: ¿Qué haces en mi casa?

El hombre, asombrado por su valentía, le respondió que le contaría un secreto. Le reveló que fue un próspero comerciante de ganado que traía los animales de la sierra y los vendía en Ascope, Casagrande y Trujillo. Sin embargo, en uno de sus viajes de negocio, cuando se encontraba de paso por Sausal, fue interceptado por una banda de maleantes que le despojaron todas sus pertenencias.

No obstante, no contentos con eso le dieron una tremenda golpiza, y fue en el forcejeó que logró reconocer a dos de sus atacantes. Al verse descubiertos, estos decidieron asesinarlo.

LA PROPUESTA

Su cuerpo fue enterrado en el corral por lo que le pidió a la anciana retirarlo y enterrarlo en el cementerio, pero esta le hizo una insólita propuesta: ¿Por qué no te quedas? Aquí nadie te molestará, serás mi amigo y el guardián de la casa.

Desde entonces la gente asegura haberlo visto caminar por el puente, cerca del Monumento de “Víctor Raúl Haya de la Torre”, e ingresar a la casa de la mujer traspasando la puerta. Tiempo después la anciana cayó enferma, presa de la locura y falleció.

EL FIN

Al poco tiempo, la casa fue asignada a una joven pareja que no tardo en experimentar la mismo que la fallecida, pero el esposo salió decido a enfrentarlo. Ante esto, el alma del comerciante le dijo que no le haría daño, sólo quería que le preste un pañuelo blanco.

Alto otro día, el muchacho encontró su pañuelo en el corral. Presintiendo que se trataba de un entierro, no dudo en coger su palana y cavar hasta encontrar los restos. Tal como lo imaginó, halló restos humanos, los metió en un costal y los enterró en un cementerio.

Desde entonces en la casa no volvió a ocurrir nada extraño. Y la pareja vivió tranquila.